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Con esfuerzo propio comerciantes manabitas retomaron sus negocios

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Manta-Portoviejo

Hilda Moreira perdió el esfuerzo de 45 años en 42 segundos. El edificio de cuatro pisos ubicado en la calle 105 y avenida 109, en la denominada zona cero de Tarqui, en Manta, quedó tan endeble que las autoridades emitieron la orden de demolición.

Hasta hace siete años en ese edificio esquinero funcionó el almacén La Feria de Tarqui, uno de los locales íconos referente a venta de todo tipo, desde ropa, enseres y juguetes.

Allí también funcionaban doce locales comerciales y otros espacios de arriendo. Hilda vivía de la renta e incluso ya tenía negociada la venta de ese edificio en unos $ 600 mil, pero el sismo le cortó ese anhelo.

Aunque persistió ante el COE cantonal y otras entidades para poder tener una casa, desistió porque a cambio debía entregar las escrituras del terreno en donde se levantaba el edificio.

Ahora vive en casa de un hijo en la ciudadela El Palmar (periferia de Manta) junto a Pelusa, su perrita, que también se salvó de morir esa trágica noche del 16 de abril, que dejó 671 fallecidos y 69 mil edificaciones afectadas. Para subsistir se dedica a vender empanadas, muchines, corviches, agua, plátano y huevos.

Ramón Moreira también indica que la ayuda para reactivarse es difícil. Considera que en unos 3 años podría levantar nuevamente los almacenes Alikán, que tiene desde hace 50 años en Tarqui.

Es un hombre de fe. Dice que se van a recuperar en Tarqui, la zona cero de Manta, pero a cambio cree que se deben dar los servicios básicos en forma eficiente, pues hasta el pasado 4 de abril observaba cómo el agua servida salía de una alcantarilla y emanaba hacia un terreno baldío cerca de su propiedad que quedó muy afectada.

“No me pregunte cuánto perdí, más bien dígame cuánto gané (tras terremoto), gané una familia, gané mi vida que es el mejor activo que podamos tener nosotros, gané amigos, un nuevo espíritu, que es lo que interesa”, reflexiona Moreira.

En Portoviejo, el comerciante Wilmer Pinargote se considera uno de los más perjudicados, porque a más de que lo perdió todo, edificios, casas, también vio morir con el colapso del edificio de Calzado Mariner a su hijo Johnny, su nuera Karla Espinoza y su ahijado Mario Zaporta, todos tres médicos, incluso su hijo recién tenía días de haber llegado de Argentina.

Pinargote quedó huérfano de padres a muy temprana edad, desde ahí comenzó su lucha en los negocios, pero ahora tras ver perder toda su propiedad y familia su preocupación es volver a construir su local en el mismo sitio donde se cayó.

También debe cancelar los cerca de 180 mil dólares que adeuda a tres empresas de calzados y plásticos por mercadería que adquirió días antes del terremoto.

Pese a considerarse un adepto del Gobierno, no ha conseguido ayuda. “Aquí no he recibido ningún apoyo, pese a ser correísta, no me han dado nada, me quedaron en dar un bono y no me han dado”, expresa Pinargote.

Aldo Gusqui es hijo de Luis Gusqui, dueño de Almacenes Barcelona, local que fue afectado por el sismo. La recuperación del negocio de su padre ha sido difícil por falta de apoyo.

Mariana Lozada, esposa de Luis Gusqui, señala que su pareja estuvo a punto de irse de Portoviejo tras el terremoto y pensaba radicarse en Pichincha, pero ella le sugirió que cambiara de decisión, pues era como iniciar de cero.

“Yo le dije que había que pedir a Dios, nada más, hay que salir adelante”, refiere Lozada, un pensamiento que tienen muchos manabitas que aún esperan ayuda a un año del terremoto.(I)

Leer Artículo http://www.eluniverso.com/noticias/2017/04/12/nota/6134599/esfuerzo-propio-comerciantes-manabitas-retomaron-sus-negocios